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H ‘ A At % 7 ; 148 dose un ejército de sesenta mil hombres en las fron- teras de Ja Toscana, y en la Sabina, y en los confines de Napoles: (1) no la hubo en todas las depredacio- nes sacrilegas de los dominios de la Iglesia; y no la hubo, porque el nuevo derecho de no intervenir en lo que hacen los pueblos dueiios de si mismos para constituirse, ponia un veto: no la hubo, porque con- secuentes 4 esta doctrina los que la engendraron en cl aleazar de las antiguas tejerias, decian que la Ita- lia se queria dar un rey 4 su gusto, y nadie tenia de- recho para impedirselo. Pero, respondasenos 4 una sola pregunta: y ;qué! jla Espaiia no- es un pueblo como los demas? ,No tenia esta nacion, segun las nuevas doctrinas, derecho 4 constituirse? ;No lo te- nia para darse un rey 4 su gusto, segun esas mismas doctrinas salidas de las riberas del Sena? ,Cémo pues se ha concluido ese derecho? La Italia lo podia hacer para despojar al Papa, que estaba sentado pacifica- mente cn su trono, y zno lo podia la Espaiia que se encontraba sin su reina hacia ya dos aios? _Hé aqui los hechos que consignamos, y cuyo es- tudio bien profundizado debia ser una leccion elo- cuente para la sociedad, que se esta desmoronando (1) Hemos pasado todo el mes de Agosto de este aiio en Viterbo, y sabiase ya el 10, que las divisiones de los piamon- teses estaban concentrindose en esos puntos: fué hicia’ el dia dicho, cuando la corta guarnicion francesa, que habia en esta ciudad y en la proxima de Montefiascone, se retird & Civitavechia, y para el cuatro de Setiembre ya no habia un- soldado francés en los Estados romanos: salieron ellos, y no se nos tachara de temeridad, si decimos que la salida de los defensores ilusorios, era la consigna de la entrada de los in- vasores,

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