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i : ' ‘ EEE ee a oe . a 224 dado de cumplir con los Canones en esta materia. Entretanto esta lleno y cumplido el servicio de las _ iglesias por medio de ministros aptos, quienes no nece- sitan estar en propiedad para servir 4 Dios y cuidar de _ gus feligreses. Y puesto que V. E., tanto en ese oficio como en el primero sobre este asunto ha tenido 4 bien , darme-ensefianza evangélica, yo, que soy el que he re- cibido de Jesucristo el mandato de ensefiar en esta 4 mis feligreses, diré 4 V. E., que tambien es mi feligrés, que no es tan necesario, como me dice V. E. en sus comu— nicaciones , que el cura sea propio para que se capte el amor de sus feligreses y estos saquen frutos abundantes; porque, si asi fuera, mal habria andado la Iglesia caté— lica por espacio de mil aiios en que no tuvo un cura propio; mal andaria la Iglesiaen Francia, donde no hay curas propios; mal andarian ‘los siete millones de catdli- cos de los Estados-Unidos, que tampoco los tienen; y andaria tambien muy mal la Inglaterra, Alemania y Rusia, donde shay muchos millones de catélicos y no hay curas propios, y nuestras islas Filipinas, donde tam- poco los hay. Lo que necesitan los sacerdotes es, no la propiedad del curato , sino virtud, recogimiento, temor de Dios, ciencia eclesiistica, cele por la salvacion de las almas, y' convencimiento de sus deberés; y esto tanto lopueden tener los interinos como los propietarios, y tan dispuestos pueden estar aquellos como estos 4 eso que V. E. llama, en sus anteriores comunicaciones so- bre este asunto, martirio del sacerdocio. Repito » exce- lentisimo sefior, no es la propiedad del puesto, nila larga morada en su destino lo que da celo y decision al que esta en él. Y si asi fuera, mal andariamos nosotros, por cierto, en negocios publicos , pues en cuatro aiios que llevo yo. de Obispo, hemos tenido en esta seis capi~ tanes generales, tres regentes de Audiencia, tres 6 cuatro intendentes, y empleados por millares. Y sien— \

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