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209 por una, haciendo que le ensefiasen los curas los orna- mentos y los calices, lo que mas se parece 4 visita epis- copal, que militar y civil; y para colmo de todo, ha ha- bido quien , viendo al cura con sokrepelliz ensefandole todo eso, y acompafiandole como 4 vice-real Patrono hasta salir de la iglesia, oyé de este al despedirse las si- guientes palabras: Seftor cura, le falta ad V. la estola para recibirme. Todo esto, y cuanto llevamos dicho, consta en el ministerio de Ultramar, donde existen las comunica— ciones oficiales: alli puede verse, 6 invitamos 4 que se vea, porque hay cosas que no se creen, si no se ven. Pero, antes de decir otras cosas, tenemos que esclamar aqui de nuevo, y decir: ;Magnifica subdelegacion pa- pal! Manda la Iglesia‘ sus sacerdotes, que no usen. estola sobre la soprepelliz, sino es para bendecir las sas y para confeccionar y administrar sacramentos, prohibiéndola en otros casos , hasta para predicar, como puede verse en el citado Gardellini. Pues véase, cémo el subdelegado papal de invencion filosdfica quiere hacer cumplir los decretos, hasta advirtiendo que no se ponia estola el vicario eclesiastico de una ciudad para reci— birlo 4 él. Risa ,da, sin poderlo. remediar , el oir cier— tas cosas, Aun tenemos que aiiadir algo para condlaie este Apéndice; pero eso que tenemos que referir es tan gra- ve, que su lectura ha de causar asombro, aun 4 un sim- ple aldeano que lo lea, con tal que sepa bien el Catecis- mo de la doctrina cristiana. ' Hubo época, hace dos aiios, de tal aglomeracion de reclamaciones y pretensiones de parte de Ja autoridad | civil, que materialmente se vio la eclesidstica reducida 4 formar como un cuadro militar, que tiene que recibir y despedir tiros por sus cuatro frentes y sus cuatro 4n— gulos. Principié la serie de cuestiones por una-que se 14
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