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• CAPITULO CUARTO .. COSTUMBRES . ,. T~niendo en cuenta que la observación de las leyes de un pueblo lo con– ducen a su fin último que es Dios, fuente de toda ley; que la repetición de J1ctos materiales. engendra la. consiguiente virtud moral~ y que también hay .costumbres y.·. usos entre Jos mismos pueblos que los vinculan entre .sí, dando orjgen .a una definida :di!ltinción .de razas, creemoi:; de alguna utilidad insertar aquí varias de las costumbres más interesantes.. del guajiro. • No es nuestro intento dogmatizar aquí sobre las costumbres guajiras, pero SÍ.· estamos en condiciones de gai:antizar que los conocimientos que hemos ad– quirido sobre •ellas son el· fruto de una consulta lenta, día tras día, a indígenas puros, aún de regiones poco conocidas como Jarara y Cocinas; a los jefes más 11aHentes de varias de las castas; a mestizos de alguna cultura; a las niñas de Jqs internados (en cuanto a indumentaria toca) escogiendo de entre éstas, para la mayor exactitud del relato, a las menos civilizadas, de modo que sus concep– tos no estuvieran mezclados con •parte de costumbres cultas, todo lo cual nos daba ancho margen para describir lo más próximo a la realidad; a los .Pía– .ches, y más que a éstos, a sus familiares, que día y noche observaban cuanto hacían en sus maniobras médicas, y de esta retahila de cosas que constituyen el arte de piachar. También hemos bebido conocimientos en los libros escritos so– bre. diferentes asuntos guajiros (muchos de los cuales no son sino. pura novela y .fantasía, que más desorientan. al que va a caza de datos verídicos, que lo instruyen) para luego cotejar toda esa serie de datos f olklóricos así adquiridos, con lo qve nuestros propios ojos captaron en los años de convivencia ·con estos nativo$ de la' pampa, a fin de producir esto que hemos llamado "Así es la Guajira": Entre las costumbres más acentuadas del ,guajiro narramos ·1as siguientes: MODO DE EDIFICAR SUS CASAS Y DE VIVIR El guajiro edifica sus ranchos por lo general en la parte más prominente del terreno de tal modo que son divisados desde lejos; lo mismo pasa con las bóvedas o cementerios de su uso. El modo de edificar sus viviendas es muy ru– dimentario: a la manera de una choza vulgar, de una barraca, cuyo techo es de yotojoro (corazón seco del cactus), enea y, en ocasiones, palma. Estas barracas están recubiertas unas veces con barro a modo de paredes; otras con el mismo yotojoro, y en muchos casos están al aire libre. En cada rancho viven el padre o marido, la esposa o mujeres del indígena, los hijos, en ocasiones también los

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