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176 PRESENCIA NUEVA (1929-1998) Corporación Municipal concedió en 1975 el premio "Cesc.rnugusta" de la Inmortal Ciudad de Zaragoza, por sus actividades sacerdotales, especial– mente por su pastoral con los enfermos, y el 23 de febrero de 1977 se le imponía la medalla de plata de la ciudad correspondiente a dicho premio. Capellanías. El elevado número de religiosos con que contaba la Fraternidad permitió ejercer otro ministerio diario: Las diversas capelbnías, especial– mente a comunidades religiosas. El año 1955 llegaban a cueve las cape– llanías en comunidades, colegios, clínicas etc ... Una de ellas era el cementerio de Zaragoza, situado en el barrio de Torrero. En octubre de 1958 los religiosos se hicieron carg::i de esta cape– llanía, que consistía en permanecer durante toda la mañana en la puerta del cementerio para acoger al difunto que iba a ser enter:ado y rezar un responso por su eterno descanso, y acompañar en el dolor a las familias. El primer capellán fue el P. Eduardo de Legaria, pero quien le sucedió durante unos veinte años fue el P. Marcelo de Villava, quien llegó a estar presente en 62.589 entierros, cumpliendo con fidelidad 1dmirable esta hermosa obra de misericordia. Fiesta en honor de San Antonio. El pueblo aragonés siempre ha mantenido una gran devoción a San Antonio, quizás sea fruto de la presencia a lo largo de los siglos de tantos conventos y comunidades franciscanas como han existido en Aragón. También es lógico reconocer que la revista "El mensajero de San Antonio" llega mensualmente a miles de hogares y ha senido entre otras cosas para avivar esta devoción al santo de todo el mundo. La imagen de San Antonio en el nuevo Santuario de Torrero se convirtió desde su fundación en un centro de peregrinaciones. Todos los martes se notaba el aumento de personal que llegaba de la ciudad, pero especialmente los "Trece Martes" anteriores a su fiesta. La iglesia se llenaba con la novena de preparación a t=m gran solem– nidad. El 13 de junio, fiesta del santo, las puertas de la igl-::sia se abrían a las cinco y media de la mañana, y comenzaban las misas cada media hora. Siempre ha sido difícil calcular con precisión la multitud que acudían a visitar a San Antonio para pedirle favores o darle gracias por los benefi– cios adquiridos mediante su intercesión poderosa. Según clgunas estadís– ticas se calculaban en 60.000 personas. Muchos de ellos _ograban pasar por el camarín y besar la imagen del santo. Otros trdan sus niños
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