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le había situado apte la pregunta ineludible sobre la escatología: ¿sen– tido y situación dH hombre después de la muerte? Analizada su cbncepción mitológica, nos resulta extraño que puedan hacerse afirmaciorles tan arbitrarias como ésta: <<Es tan rudimentaria y material la exittencia del motilón que apenas si encuentra en su vida lugar para lq espiritual y ultraterreno. Vive tan de la tierra y del momento que el i;nás allá parece estar ausente casi por completo de su conciencia» 250 • Contra esta opinión, creemos que una de las convicciones más pro– fundas de la tradición barí es su creencia en el más allá: vida de los basunchimba o espíritus de los muertos. Esta idea pervade toda su concepción de la ¡vida y se hace vivencia en los más mínimos detalles. Esta creencia ~o sólo aparece en los relatos que directamente se re– fieren a la ultrat~mba (narraciones sobre los basunchimba, cánticos con ocasión de la muttrte de algún ser querido... ), sino que se deja traslucir en sus tradicione$ más diversas. Desde su consideración del universo (en el que se sitóa un cielo particular para su residencia), hasta sus relatos sobre los imás distintos elementos culturales (bohíos, caza, pes– ca, caminos ... ), nos están revelando que esta conciencia comunitaria sobre la vida de ¡ los barí después de la muerte es uno de los consti– tutivos esenciales!, más importantes y arraigados de su tradición. Su concepciói¡i escatológica sobre la existencia de los barí después de la muerte es fica en mitologías. Se proyecta en la creación de todo un sistema interp,.etatívo del mundo de los basunchimba. Hemos anali~ado las causas a las que su mitología atribuye la muerte. Pero la tida que tanto ama el barí no termina con la irrupción de aquélla en la 1 vida del hombre. Entonces, ¿cómo se efectúa el trán– sito de esta vida a la del más allá? Cuando muere una persona, su espíritu («Bosobpkú») sale del cuerpo por los sitios normales de la respiración (nari~, oídos, boca... ) hacia la región de los basunchimba. La concepcióp barí sobre la salida del espíritu del cuerpo del hom– bre procede, cotjio en las culturas primitivas, de esa experiencia coti– diana ·personal natural del proceso de respiración y del fenómeno del sueño. Durante la noche, el espíritu del barí («Boróubarí» = barí so– ñando) se trasla~a en sueños a lugares y paisajes maravillosos, dando paseos nocturno~ por la región de los muertos. Mientras, se considera al hombre enfe111110, Al amanecer, cuando ya va a despertar, vuelve 250. A. de AicÁCBR, El indio motilón y su historia, Bogotá 1962, 56. 281

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