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2.1.2. Casa comunal (''Soái-kái") Veíamos en la parte anterior cómo la casa comunal barí («Soái– kái») era todo un símnolo de su organización social interna. En co:-res– pondencia con la im?ortancia que le atribuían, los relatos barí nos narran, también, su origen mitológico. En él se pretende basar el modo de proceder en todo lo referente a su construcción y forma de habitarla. Antes de su construcción, existiendo ya el sol, la luz, los barí no tenían bohíos, ni chinchorros, ni esterillas. Habitaban en casitas seme– jantes a las de los yukpa y dormían en el suelo como éstos lo hacen. Pero en aquel tiempo en que Sabaseba estaba organizando la tierra, el cielo e instituciones sociales, encargó a otro personaje importante de la mitología barí, llamado Kassóso, que se dedicase a todo lo refererte a preparar una casa digna para el pueblo barí. Así recibió el mandato de Sabaseba: «Tú constr:iirás casa a los barí y les enseñarás a construirla, así como a hacer chinchorros, esterillas ... y todo cuanto se relacione con aquélla». Seguidamente SabEseba, como el mejor arquitecto, le fue detallmdo el modelo perfecto de la misma: palos que utilizaría, colocación de los mismos y de los distintos jefes o personas corresponsables de la cons– trucción, distribución de funciones en razón del sexo, orden que debía seguirse en su ocupaáón, cómo deberían estar en el chinchorro... En una palabra: «todito sobre el bohío»; todo lo referente a los bienes culturales que se relacionasen con aquél. Kassóso fue un buen maestro. Comenzó a cumplir los mandatos de Sabaseba, construyendo bohíos, haciendo chinchorros, esterillas ... Todo cuanto los barí neces1taban para cobijarse sobre techo ... La tarea le resultaba muy fácil. Bastaba que un grupo barí le indicase su deseo de tener bohío en tal o cual lugar, para que lo tuvieran ya dispuesto a la mañanita siguiente. Kassóso empleaba así su tiempo: haciendo casas agradables a los barí. Pero, mientras Kassóso construía en la llanura, algunos jóvenes que vivían en la montaña se enfadaron con él, porque no les enseñaba a elles. Prometieron matarle y, un día, mientras ons– truía una casa comunal, lo flecharon. Le sacaron el corazón, colgándolo de un árbol. Estos relatos nos cuentan, a su vez, que, de su propia sangre, salieron los «r.assóso» (gusanos de seda que se construyen sus propias casas, muy pRrecidas a los pequeños bohíos y que las llevan sobre sus espaldas). Su espíritu marchó al «Barún», región del delo donde, según la concepción barí del universo, se encuentran los Sai– madoyi. 253
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