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muertos. También él come durante el día y lleva un canastito para de– positar lo que le sobra y llevarlo a su casa. Una vez que se ha hartado, lo vomita desde allá arriba. 1.4.6. Los animales son los que aparecen en escena en último lugar en este «gran teatro del mundo», surgido de las cenizas de la viejecita. El mito sigue manteniendo esta línea de observación directa de las rea– lidades y acontecimientos extraordinarios con los que los barí debían contar en su vida. Entre los seres con los que tenían que compar:ir su vida en la selva sobresalen los anímales. Todos ellos surgen de las ceni– zas de la Sibabió. Los distintos relatos míticos referentes a ésta hacen constar que, ya dentro de las mismas cenizas, se dejaban percibir sus signos respectivos. Es interesante apreciar cómo, al salir los dadabbó, se anuncia tam– bién la presencia de los animales que no eran propios del terr:torio barí: caballos, vacas, mulas, ovejas, perros ... Todos salen junto a los blancos, emitiendo cada uno de ellos sus señales características. 3ntre la enumeración de los animales que surgen de las cenizas, se hacen destacar cochino de monte («Rukchí» ), monos de distintas clases :«Su– chána -nombre genérico del mono común-, «Brasí» -cara blanca-, «Kámaskógda» -araguato o capuchino-, «Bisúi» -cuche-; «Ko– chigbá» -cuche rojo-); tigre («Daba»); danta («Erakbá), culebra («Chiddú») y mucho ganado ... A todos y cada uno Sabaseba les da su nombre y les va indicando su función específica. Los monos «Durubiá» salen corriendo, saltando y brincando: «tic, tic... ». La danta ( «Erakbá►> ), sale de las cenizas de un palo, producien– do un ruido imponente: «tuc, tuc, tuc... ». Los perros, a su vez, se dejan sentir por sus ladridos habituales: «guau, guau, guau... ». Tam– bién Sabaseba les va dando a cada cual su compañera. Así, a la 111ujer del cochino de monte le dijo: «Tú serás la mujer de cochino de mon– te». También aquí vuelve a ocupar su debido puesto de ordenador Sabaseba, que va indicando a cada uno su lugar geográfico y la misión que debe cumplir en la selva. A unos los envía a los montes, a otros los destina a los ríos, a los árboles, a las nubes, al cielo... De esta forma, toda la tierra se pobló de animales. Y desde entonces, se explica por qué cada uno de ellos vive en sitios determinados y no en otros y se conduce de la forma que Sabaseba les indicó. Por ejemplo, desde entonces, la danta, cuando corre, mete mucho ruido, como lo efectuó cuando salía de las cenizas. 239
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