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-99- queados por los judíos, Jesús propone la parábola que acabamos de leer en el Evangelio de hoy. Insinúa va– lientemente el Maestro el valor trascendental de tas ri• quezas en los designios de Dios; son ellas medio de so– correr a los necesitados y este socorro puede ser título de expiaciones y perdones, de deudas contraídas con Dios por pecados propios; ya nos había ofrecido .el ejemplo del peajero Zaqueo que, convencido por la doctrina de Jesús, lo recibe en su casa y se dispone a repartir entre los pobres la mitad de sus bienes y a pa– gar cuadruplicadas las deudas que tuviera con cual– quiera. Así entraban ert el reino de los cielos aquellos hombres tan odiados por los escribas y doctores que habían abierto un abismo infranqueable con su legalis– mo y nacionalismo. La caridad, la beneficencia hechas en nombre de Dios son la devolución a la comunidad de bienes mal adquiridos: los pobres representan los inte– reses de una Justicia trascendental, antítesis de la estrecha justicia legal farisaica. Tal es el alcance de esta parábola; ella presupone y condena, como inspira– da por lo prudencia de la carne, la injusticia y la mal– dad cometida con su amo por el administrador infiel amenazado de cesantía por malversión anterior de fon– dos; el procedimiento usado para ganarse amigos que lo reciban en su casa cuando quede cesante fué malo, pero Jesucristo N. Sefior to propone para que veamos como en símil lo que los hijos de la luz deben hacer de sus rique– zas propias, ganándose con el.las intercesores ante el Su– premo Juez cuando les pida cuenta de su administración. Es pues, prudencia laudable repartir lo superfluo entre los pobres, dando así testimonio de que la tierra es el do-
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