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-98- cien barriles de aceite. Díjole: toma tu obliga– ción, siéntate y has al instante otra de cincuenta. Dijo, después, a otro:¿ Y tú cuanto debes? Res– pondió: Cien coros o cargas de trigo. Díjole: toma tu obligación y escribe otra de ochenta. Habiéndolo sabido el amo, alabó a este mayor– domo infiel, no por su infidelidad, sino porque había sabidó portarse sagasmentfl. Porque los hijos de este siglo o amadores del mundo, son en sus negocios, más sagaces que los hijos de la lus. Asíos digo yo a vosotros: Granjeaos ami– gos con las riquezas, manantial de iniquidad, pa– ra que cuando falleciereis, seáis recibidos en las mansiones eternas. Aclaración literal del texto. Acababa Jesús de pronunciar la parábola sublime del «Hijo Pródigo», por la que descubrió los tesoros de misericordia reservados en favor de los pecadores arrepentidos. Tanta misericordia chocaba con la hipó– crita casuística de escribas y fariseos prevenidos por odios de clases contra peajeros y alcabaleros a quie– nes el Divino Maestro adoctrinaba como a hijos que acudían a El con sinceridad. Tal hostilidad quedaba es– tigmatizada en la tacafia actitud del hermano mayor irritado por ta bondad que et padre usara con et Pródi– go; no quería entrar en casa ni participar de la fiesta preparada para celebrar el acontecimiento. Tales eran los fariseos; pero, para que supieran et secreto de aque– Uos perdones otorgados a los ricos advenedizos tan as-

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