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-95- cen lo qne sienten, creen lo que les dicen, no saben disi– mular, y se llevan gran disgusto cuando los engañan. Son limpios de corazón, están contentos con pocas cosas, no tienen ambicione.s. Ese candor del alma, esa ingenuidad del corazón, esa alegría sana y amable es lo que en los nifios atrae las preferencias del Corazón de Jesús, manso, humilde, bue– no, leal, compasivo y purísimo, de _tal manera que exige· de los mayores, como condición para reconocerlos por su– yos, que mantengan y sublimen esas cualidades infantiles haciendo de lo natural virtudes y mérito para el cielo. Figuraos, por;tanto, como aborrecerá Jesús la mentira, la hipocresía, sobre todo en los .nifios. Fingir es andar haciendo el comediante que aparenta personajes extrafios para entretener al público; tal aparece en escena vestido de rey, seguido de brillante corte y dando órdenes sobe– ranas a todo el mundo; la gente que lo ve no se engafia. ya sabe quien es, y en cuanto acaba la escena, aquel rey flamante se pone el traje de calle y aparece el pobre hom– bre que se gana la vida haciendo comedias. Comediahtes pues son los niños hipócritas; fingen bondad que no tie– nen, amor que no sienten, amistad que no quieren, humil– dad de garabato para engafiar a sus padres o a su$ maes– tros y para conseguir lo que pretenden; ellos engafian,. o quieren engafiar, lo cual no hace el comediante del tea– tro. Son así como una mentira andando, llorando o·riendo, o, a veces, rezando; ya veis lo odiosos que deben ser a los ojos de Dios a quien nadie puede engafiar. Mucho cuidado, por lo mismo, con los nifios fariseos; no lo seais vosotros y guardaos de los que lo son y se acercan a vo– sotros vestiditos de santos o de amigos, ocultando un co– razón corrompido. Fijaos luego, no en sus palabras, sino en sus obras, en lo que hacen: y no les deis confianza sin examinar sus obras. Por los frutos se conocen los árboles;
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