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- 92 ---' tran estiércol: y son tan audaces que se proclaman cut-. tivadores de todo lo bueno que han hallado al nacer en un país cristiano. Es muy necesario estar sobre aviso para desenmas– carar el doble juego de los hipócritas enemigos de Je– sucristo, cuando argumentan contra El de las malas obras de los perseguidores y se apropian contra El de su doctrina germinadora de tantas maravillas; farsa in– digna, mil veces descubierta por la unidad intangible del Símbolo y del Decálogo, de la doctrina y de las obras, del árbol y del fruto. Argumento moral. En esta intangible unidad debemos nosotros inspi– rarnos siempre para demostrar a Dios nuestra fidelidad y a los hombres el espíritu de nuestras obras. No todo el que dice «Sefíor, Sefíor» demuestra que es discípulo de Jesús, sino el que puede ofrecer obras que el Sefíor pide como pruebas de amor. Baldón es para muchos católicos vivir de solas apariencias y caer en el ritua– lismo vacío de espíritu que tan claramente anatemati– zaba el Maestro Divino en su tiempo. La hipocresía es vergonzoso disfraz dice San Juan Crisóstomo: «si es bueno ser bueno, ¿porqué no lo eres tu que deseas pare– cerlo? si es malo ser malo, por qué no te avergüenzas de serlo?» Tenemos obligación de ser buenos y de pa– recerlo, de llamarnos cristianos y honrar este nombre con nuestras obras. La hipocresía sería en nosotros al– go diabólico, pues propio es del diablo transformarse en ángel de luz, para engafiar y seducir a los hombres. Se-
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