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-91 - gando sus vestiduras para explotar el escándalo de las malas obras de los católicÓs que no se conforman prác– ticamente con su fe: o las apostasías de algún desgra– ciado Judas que traiciona al Maestro, o las faltas y de– bilidades de los buenos cristianos. Apodéranse de esta clámide rota y manchada, visten con ella a Jesús, y cla– man luego escandalizados ese es el Rey, esos son sus vasallos; y así logra atemorizar a los cobardes y espan– tarlos del seguimiento de Jesucristo N. Sefl.or. Hartos estamos de contemplar esta farsa miserable, pues la prensa impía y la matizada de farisaismo, no pierden oca– sión de levantar polvareda a la menor ocasión. A estos lobos escandalizados de las debilidades de los buenos es preciso repetirles la severa lección del Maestro Di– vino; a cada árbol se le clasifica por los frutos; a cada doctrina se le clasifica por las obras que sus profesores hacen, proc:ediendo lógicamente, es decir, poniéndola en práctica; los pecados de los creyentes no son frutos de la doctrina que profesan, sino de las máximas del mundo que en ello siguen; para saber lo que el Evan• gelio puede dar de sí y da ahora, es preciso mirar los frutos sazonados producidos ya en tantos siglos de com– probación práctica de su doctrina con tantas· santos y santas de toda condición social que son los lógicos del cristianismo, los que sacan las consecuencias .de los principios y las sostienen con su vida y con su sangre y las autorizan con obras de redención, honor dé la ra– za humana y flor de la civilización cristiana. Se neaesi– ta ser ciego para no ver la historia del bien, y ciegos son los perseguidores de la iglesia, y escarabajos que en un jardín colmado de fragantes flores solo encuen-

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