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-88- ensei'íanzas y mandamientos contenidos en los Libros santos no iba quedando sino la corteza de un burdo ri– tualismo legal tejido de interpretaciones y glosas de escribas y doctores, empei'íados en cubrir el vacío de las almas con multitud de preceptos reglamentarios, interpretaciones morbosas de un pueblo en decadencia. Habíase formado una oligarquía venal de sabios y mi– nistros del culto mosáico para usufructar los libros san– tos y las esperanzas mesiánicas en ellos contenidas, oprimiendo al pueblo y desviandolo de sus providencia– les destinos; «Habían usurpado la llave de la ciencia de la ley, no _entraban ellos en su sentido espiritual, ni de– jaban que los otros entrasen.» He aquí porqué Jesús, tan complaciente, tan bue– no, tan misericordioso y tan dulce en sus palabras, se mostró siempre terrible, inexorable con los escribas y fariseos y desenmascaraba su hipocresía severísimamen– te: « Vre vobis» hay de vosotros, anatematizándolos de– lata ante el pueblo la doblez de aquellas almas viles, propagandistas de prescripciones legales que «agrava– ban la carga de la Ley sin que ellos intentaran levan– tarla ni tocarla con un dedo». Lobos cubiertos con piel de oveja los llama el Evangelio de hoy; y en otro lugar amonesta seriamente a sus discípulos que se guarden del fermento de los escribas y fariseos que es la hipo– cresía. El argumento que justifica tanta severidad es irre– batible: «por los frutos los conoceréis». La doctrina es el gérmen de la vida moral, si es falsa, germina obras inmorales, y si es verdadera, de si misma, germina el bien. Cuando alguien -ostenta en su vida obras malas co-
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