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S1ptimo Domingo después de Pentecostés Las obras del cristiano deben ser expre· sion fiel de la doctrina que profesa, so pena de ser un hipócrita y merecer la desconfianza de Dios y de los hombres. Evangelio, según San Mateo (Cap. VII). En aquel tiempo, dijo jesús á sus discípulos: Guardaos de los falsos profetas que vienen á vo– sotros disfra1D<idos con pieles de ovejas, más por dentro son lobos voraces. Por sus frutos los co– noceréis. ¿ Acaso se cogen uvas de los espinos, o higos de las zarzas? Así es que todo árbol bueno produce buenos frutos, y todo árbol malo da malos frutos. Un árbol bueno no puede dar malos frutos, ni un árbol malo darlos buenos. Todo árbol que no dá buen fruto sera cortado y echado al fuego. Por sus frutos, pues, los podreis conocer. No todo aquel que me dice: ¡Oh Señor, Señor! antrará por eso en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celes~ tial, ese es el que entrará en el reino de los cielos. Aclaración literal del texto. La llaga moral que corría de arriba abajo al pueblo judío y acabaría por arruinarlo era el farisaismo. De las

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