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- 84 ,;_ pobres y de los niños a quienes tanto quiere; aquella san– ta alegría era el recreo de su Corazón divino. Vosotros, mis queridos niños, no tenéis que andar tan largos cami– nos para poneros al alcance de los amores de Jesús, ni para _oír su amorosa palabra, ni para gozar de su presen– cia y aún recibir a El mismo dentro de vuestros corazones. Con el mismo poder con que multiplicó en el desierto los panes y los peces, ha multiplicado su presencia por medio de la Euo1ristía; habla en casi todas las partes a un tiem– po por medio de los sacerdotes a quienes encomendó el ministerio de la palabra evangélica; y, en el camino de esta vida, ha establecido iglesias, templos, como casas de descanso, donde aguarda día y noche a que vayamos a estar con El y reposar del trabajo cotidiano por lo menos los domingos y días festivos consagrados.a El. Ya oigo·'.algún niño que está diciendo en su interior: sí eso es verdad, pero... (esta palabrita está siempre en la boca de los niños)... pero ir a Misa y al catecismo, exi- ge madrugar y dejar las diversiones; comulgar presupone estar en ayunas de comida y muy limpio de todo pecado y.. , esto es difícil, cuesta mucho trabajo. Los niños que así piensan suelen todavía quejarse de que no les dan premio, cuando cumplen con estos actos de religión; no esperan a que Jesús se lo recompense con su infinito po· der, sino que lo exigen: son muy interesados. Ya podéis suponer que al Seflor no le gustará mucho tratar con ni– ños así, descontentadizos y desconfiados, ¿verdad? Bue– nos estarían los tales para andar largos caminos y pasar hambre y sed en seguimiento de Jesús!! Si vierais voso– tros en los países de Misiones las fatigas que se imponen los pobres indígenas para llegar a donde está el misione– ro y recibir los Santos Sacramentos ¡¡leguas y leguas an– dan los pobrecitos, y no en tren, ni en auto, sino a piecito como ellos dicen, y con sol y lluvia y viento abrasador, y

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