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-78- oyendo ta palabra de Dios. Postergadas estas cosas por inútiles, quedan en primer plano las necesidades materiales, las exigencias del instinto cada día mayores hasta concentrar en su satisfación todas las energías del espírítu. Las muchedumbres de que nos habla el Evangelio corrían tras Jesús hambrientas de lo espiri– tual y olvidadas de lo material; las turbas modernas co– rren desaladas tras lo material olvidando lo espiritual; .no tienen tiempo de ocuparse en cosas tan elevadas, no esperan de ellas utilidades inmediatas; por eso no guardan el día del Señor, ni se ocupan de lo que El quiera decirles: la tierra es su patrimonio y renuncian a bienes superiores. El resultado es inmediato: Jesús alimenta las almas con celestial doctrina, cultiva los es– píritus, enoblece los corazones, y, por afiadidura, pro– vee al sustento necesario del cuerpo. Las turbas sedu– cidas por falsos maestros, quédanse hambrientas de verdad, en estado decadente: y hambrientas de pan que los seductores ni quieren ni pueden darles: lo necesitan para ellos. Y sin embargo, nada más sencillo que la doctrina cristiana en este punto. Vivimos la vida del tiempo ca– minando a la eternidad, ésta es la patria de las almas inmortales; el tiempo es un suelo movedizo que nos a– rrastra y pasa el mismo, desembocando en lo eterno: pensémoslo o no, esta vida es un camino, no un térmi– no; la ley de la gravitación impulsa hacia arriba las al– mas, mientras que la ley de Dios en el orden moral marca la trayectoria que cada uno tiene que seguir du– rante el tiempo de esta vida y los puntos de mira inva– riables para no extraviarse y fija los días de reposo, de
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