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-77- divino en aquella frase que será ta divisa de cuantos en su nombre quieran hacer bien a los pobres y ocurrir a las necesidades del pueblo: «Misereor supet"turbam»; tengo compasión de · estas muchedumbres, porque no tienen que comer: y si los envio a su casa asi, desfalle– cerán en el camino, pues muchos de ellos han venido de lejos. Jesús no puede consentir que los que le siguen su– fran quebrantos en su cuerpo sin remediarlos El mismo; quedará para los falsos re<lentores del pueblo la gloria de predicar al pueblo utopías, prometiendo to que no pueden dar; anunciarles la felicidad y darles como única garantía la suya propia sin aliviarlos de presente; bien · sabemos cuantos bienhechores de estos salen al paso al p9bre pueblo para alejarlo de Dios, quitarle la esperan– za del cielo y dejarlo ir vacío de cuerpo y de espíritu. En cambio Jesucristo sacia el hambre de los pequefíos, de los humildes, como cantó la Virgen Santísima; y a los soberbios los abandona vacíos; estos ho buscan en Jesús la doctrina, ni el pan: se creen suficientes para todo, duefíos de la tierra; y Dios los :castiga negándo– les la tierra y et cielo. Argumento Apologético Detengámonos un momento a estudiar este fenó– meno característico de tos hombres, de los pueblos y de las épocas en decadencia religiosa, que desprecian la cultura espiritual y conculcan los preceptos que impo– .nen ciertos días y prácticas consagrados al culto divino y a estudiar los problemas del alma y de la vida futura

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