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-73- otra, ya están enmaraí'íadas y de mal humor y ofendién– dose y deseándose mil males y llevando mil cuentecillos a la escuela o entre las otras compaí'íeras. ¿Es esto cari– dad o justicia? Oid bien Jo que dice Jesús en el Evange– lio: «si vuestra justicia no es de mejor ley que la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos.» Allí no entran sino los humildes, los pacíficos, los carita– tivos, los nií'íos bien hablados, los nií'íos y nií'ías respetuo– sos, los que saben callar y perdonar. El cielo es la man– sión de la paz y del orden y del amor; el cielo es el pa– raíso de la felicidad y de la perpetua alegría; allf no se llora ni se ve jamás una cara triste o mal humorada; todos se aman y gozan con la felicidad de todos, no hay envidia. ¿Qué harían pues en aquellas eternas mansiones del cie– lo los peleadores, los maldicientes, los rencorosos, los puntillosos y puntillosas que por cualquiera cosa se ofen– den y rií'íen y se insultan? En el cielo se oyen siempre cantares de alabanzas y bendiciones a Dios; pues... ¿qué horrible desacuerdo y estridente desarmonía no produ– cirían allí esos gritos destemplados, esos lloros d~ des– pecho y de orgullo y esas palabras groseras y ofensivas a nuestros pró)imos? Si pues vosotros no sois mejores que esos nií'íos ma– los de la calle sin educación, ni temor de Dios, ni amor a los demás, no entraréis en el Cielo; lo dice claramente el Sefior, y El es quien lo impediría, si alguno pudiera pre– sentarse en la puerta, haciéndose el bueno, porque El co– noce muy bien los corazones y oye todo lo que ha herido a nuestros prójimos y lo toma como injuria hecha a Sí mis– mo. Ya veis cómo Dios no quiere recibir ni las ofrendas y oraciones de quien se presenta cori ellas llevando su. alma llena de rencores y sus labios manchados con inju– rias. Cuando vayais por tanto a comulgar, pensad antes muy despacio si tenéis algún enredo y rifia con vuestros

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