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-150- amor y a reconocer la verdadera solidaridad humana fundada en Dios. Argumento moral Dejemos a un lado las declamaciones pomposas de progreso en el trato ,:on los enfermos que caracterizan las sociedades en decadencia, fecundas en palabras y estériles en obras: rechacemos el naturalismo como es– tado real del género humano y único inspirador de sus destinos: nosotros los discípulos del evangelio sabemos la profunda sabiduría que se encierra en la concepción cristiana del prójimo y de la caridad para con el que su– fre. Vemos primeramente en el piadoso samaritano la realidad augusta del amor soberano que nos redime y nos sana de nuestros males espirituales, a Jesús: El es nuestro prójimo, El es quien nos encontró robados y y maltrechos y nos socorrió y nos socorre. Conociendo su amor y sus sacrificios, demostrativos de su amor, conocemos también las pruebas que podemos dar del que decimos tener al prójimo. De aquí ha nacido el re– frán cristiano: «obras son amores y no buenas razones» obras duraderas, desinteresadas, delicadas, hechas con espíritu sobrenatural, son razones sobrenaturales para demostrar el amor al prójimo. Cuando no tengamos di- . nero, como no tenía San Pedro, podemos todavía decir al tullido, al pobre, al hambriento: «te doy lo que ten– go», mi tiempo, mi salud, mi afecto, mis ojos, misma– nos, mis consuelos; no apartemos de nuestro camino al desgraciado: holguémonos de encontrarnos con él como si encontráramos al mismo Jesús llagado y sangriento:

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