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-149- encubierta que esté por el pecado, por odios de raza y y por deformidades físicas del mal que padece. Cuando los enemigos de Jesucristo creen arrebatarle la gloria de haber sefialado así al prójimo en cada hombre que sufre, se figuran que podrán suplir el fundamento de la caridad con presupuestos oficiales de beneficencia, con asociaciones de mutuos socorros, con federaciones de trabajadores, con conferencias de paz y de solidaridad universal; o, creartdo organismos sectarios farisaicos como la masonerí~ o el rotarismo moderno, pregonan el servicio al amigo, al socio, al correligionario seleccio– nado entre la masa de los prójimos, no según su nece– sidad sino según la mayor o menor aproximación que tenga con sus ideas y el resultado de bienestar que pueda producir al decantado bienhechor. Pero el sacri– ficio personal, la contemplación serena y amorosa de la desgracia, el entregamiento de su persona al pobre y desvalido quien quiera que sea, no lo entienden: un círculo cerrado y sectario limita su concepto del próji– mo: necesitan caer heridos o sentirse abandonados para que una mano cristiana los recoja y les ensefíe práctica– mente quien es su prójimo. Para amar al hombre es pre– ciso amar a Dios: para curarlo es preciso amarlo. Esas doctrinas de selección biológica para eliminar seres inútiles a la sociedad, la infecundidad científica de los inadaptados a las exigencias sociales, la limita– ción de la natalidad, la muerte piadósa de los llamados incurables y otras mil invenciones para separar al des– graciado del camino por donde ·pasan los feHces de la vida, cohonestadas con otras mil razones pseudocientí– ficas, no son sino resistencias a la verdadera ley del

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