BCCCAP00000000000000000001106
-148- cursos doctrinas seductoras de beneficencia y altru– .ísmo: pero bajarse del caballo de sus comodidades para levantar al caído, y palpar sus miserias, y entregarse a remediarlas como si fueran propias, sin ver más que un prójimo, un hermano, un hijo de Dios, eso no lo hace; es necesario creer en un Dios hecho hombre y muriendo por los hombres todos, para entender lo que cada uno puede y debe hacer por sus semejantes. Jesucristo bajó del cielo, tomó sobre sí nuestras miserias, quedó llaga– do con nuestras enfermedades, se hizo responsable de nuestros pecados, murió por limpiamos de ellos; nos so– corrió tan de cerca que se anonadó para llegar a nues– tra pequeñez; no fué amor calculado, limitado, condi– cionado, teórico ni retórico: no amor universal y vago e indeterminado sino realísimo y singularísimo hasta lo inverosímil. Dios se nos dió, se prodigó; quien no ama a Dios así sobrenaturalmente no acertará a contestar quien es su prójimo, ni lo que debe a su prójimo. El mundo no cristiano ha podido a penas remedar la floración estupenda de obras de caridad cristiana, o atribuírselas villanamente, robando a la Iglesia cuan– to había acumulado de bienes y establecimientos en favor de los pobres. La Iglesia supo encontrar obras para socorrer al niño desvalido, o la mujer indefensa o deshonrada, al anciano decrépito, al leproso nausea– bundo, al encarcelado, al cautivo, al demente, al heri– do, al abandonado de todos. Cada miseria humana ha inspirado una obra de misericordia; todas las miserias humanas no han podido agotar la compasión, efectiva de los que aman a Dios, ni borrar de su mente la ima– gen de Dios que el prójimo lleva estampada, por más
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz