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- 139- ficientemente a los niflos y a los jóvenes, introducién– doles en el alma, por el oído y por los ojos, la saliva de de Jesucristo, su doctrina sapientísima y sus palabras de vida eterna. Hemos de vivir como insinúa San Ber– nardo, del Cuerpo de Cristo y de ta palabra de Cristo; de su Cuerpo santísimo que alimente nuestra vida inte– rior; de su palabra que nos dé el instrumento de su ma– nifestación para bendecirle, para confesarle, para ha– blar con nuestros semejantes; así como recogemos con máximo cuidado las partículas del Sacramento de vida y no permitimos que una sola se pierda, porque en cada una de ellas está el Sei'íor; de igual manera hemos de ser avaros de las palabras que salen de sus labios y se nos comunican por la predicación, por la escritura, por la doctrina; aun se atreve a decir el Santo Doctor que la Palabra de Jesús precede siempre en sus efectos a la Comunión de su Cuerpo Santísimo, pues no comul– ga sino el cristiano instruido y si está en pecado, la Eucaristía no produce sus efectos saludables, mientras la palabra de Cristo no despierta esa alma de la muerte excitándola al dolor y enseflándole a hablar con verdad y veneración a quien quiere y puede salvarla. Nunca repetiremos bastante que el gran mal de los cristianos es la ignorancia, y que la fe que se inicia con la palabra que percibimos con el oído no se mantiene, ni menos se perfecciona, sino oyendo constantemente la Palabra del Maestro Divino. _üigamosla y sabremos hablar recta– mente.
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