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-'-135- en posesión de tos secretos divinos. Así se explica que un niño bautizado al llegar al uso de la razón sepa más · de las cosas de Dios y del alma que los sabios del siglo después de prolijas investigaciones. «La percepción de tas palabras de Dios ilumina y da entendimiento a los pequeñuelos», cantaba el Real Profeta. Argun,ento apologético Efectivamente; las palabras con que Jesucristo N. Señor nos habla «Spiritus et vita sunb son espíritu y vida: manan de su vida misma y de su eterna sabiduría, como la saliva que fluye por su divina boca y con la que unge al sordo-mudo; quien tiene la suerte de escu– charla conoce los secretos divinos directamente, en su misma fuente: no ya por medio de la creación o del ra– ciocinio, deduciendo consecuencias de lo que ve o de lo que entiende, sino CREYENDO, es decir, imjiendo su mente con la mente misma de la Verdad que le habla y cuyas palabras penetran lo íntimo. del alma. Pero pa– ra percibir el significado de la palabra de Dios, et hom– bre necesita que Dios mismo despierte en su alma el órgano de percepción, tal es el hábito de la fe infusa en. el bautismo; después ta educación, la instrucción re– ligiosa y la divina gracia pondrán al alcance de ese ór– gano sobrenatural, el pábulo que vaya nutriendo al al- ma de la verdad divina. · Es el mismo fenómeno que se observa en el orden material e intelectual. El niño nace adaptado para asi– milar cuanto necesita para mantener y acrecentar su vida física; pero durante la infancia no puede por si

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