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-134- tante aquél hombre comienza a hablar rectamente, des– atada ya su lengua de toda traba y perfectamente cura– do de su sordera. No solamente oye y habla sino que pro– nuncia correctamente las palabras de la lengua del páís jamás aprendidas; doble y significativo prodigio que levantó clamores de fervoroso entusiasmo entre la mu– titud. Ya no puede Jesús ocultarse: todos lo buscan y publican las maravillas obradas por su diestra, a pesar de la rigurosa prohibición que les impone, para no anti– cipar los acontecimientos, y demostrarles además que no busca la gloria del mundo, sino la de su Padre y el mayor bien de los hombres a quienes espera para ama– estrarlos en los caminos del cielo. Entremos nosotros un momento en la significación de este señalado milagro cuyos pormenores no han si– do consignados en vano por el Evangelio, sino que en ellos hemos de buscar las huellas de la sabiduría de Dios. Todos los Santos Padres han visto en el sordo– mudo la imagen del hombre tal cual lo dejó el pecado y lo halló la Redención, cerrado para las cosas divinas y sumido en la ignorancia acumulada por siglos de vana palabrería humana que era preciso deshacer, y restituír– nos el órgano capaz de comunicamos con Dios. Los de– dos de Jesús se introducen dentro de las orejas del en– fermo; quiere que sus palabras entren en la mente del hombre nacido sordo y mudo por el pecado; por eso, en el Bautismo el ministro del Sacramento, antes de proceder al acto sacramenta, repite con cada neófito la significativa ceremonia de ungirle los oídos con saliva y decirle la misma palabra imperativa del Divino Maestro para prepararlo a recibir la gracia y la fe que le pondrá

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