BCCCAP00000000000000000001106
-127- nos toca así por los dos extremos con los que emparen. tamos con los ángeles y con tas bestias, y no podremos vencerla sin et auxilio divino; si no to imploramos hu• mildes, caeremos en el lodazal del pecado, quedaremos hundidos en nuestra propia miseria; tal es el castigo de los que no saben orar, de los· que no se conocen sino comparándose con los más malos y perversos, recurso muy cómodo para creerse bueno y superior a sus seme– jantes. Et punto de comparación para saber lo que somos es Dios únicamente; puede ser que et orgulloso no sea adúltero, ladrón u homicida como otros seres degrada– dos: puede ser que abominemos de la vida escabrosa de muchos publicanos y gentes sin escrúpulos, pero también es muy posible que, sin llegar a esos extremos, seamos realmente malos y no cumplamos nuestros deberes elementales de cristianos~ que un padre des– cuide gravemente lo que debe a su hogar, y una madre el decoro de su persona y de sus hijas, ún comerciante la delicadeza en los negocios, y un hombre de Estado la justicia y ta rectitud en su proceder; el fariseo vive a veces bajo las bóvedas del templo ;arrogantemente, dis– puesto a creerse mejor que todos y a dar gracias a Dios, cuando debería pedirle perdón y misericordia. La modestia es el primer elemento de la civilidad y buena educación en el trato con nuestros semejantes pero ella no basta, sería solo un barníz que cubriría apenas el orgullo interior; es preciso ser humilde, reco– nocer lo bueno que se tiene, pero atribuirlo a Dios y creer que,. sin ·su gracia, no podríamos conservarlo y menos acrecentarlo. Dios es la misma excelencia y se conoce bien a Si Mismo, pero et orgullo no cabe en su
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz