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-126- guardarropía, caídas en el ridículo, ha repercutido en las relaciones entre los hombres; cuando la oración humilde los avergüenza, han visto cómo la fórmula blasfema de Satanás, ha sido adoptada por las turbas hambrientas que ya no piden limosna, sino reparto equi• tativo de los bienes de la tierra: por legiones de traba– jadores que no esperan salario, sino igualdad en la par– ticipación de las ganancias del capital: turbas de mu– chachos jóvenes que demandan en justicia a sus padres por actos de patria potestad en pugna con el orgullo inoculado por la moderna educación. Nada de gracia, todo de justicia; tal es la fórmula de la soberbia indi– vidual con Dios, convertida en apostolado de rebelión y revolución social. El farisaísmo, engendrando la tira• nía: tanta verdad es que no podemos entendernos bien con nuestros semejantes, si no sabemos tratar en ver– dad y humildad con Dios N. Sefíor. Argumento moral Atengámonos por tanto a la máxima divina del Evangelio: humillémonos para ser por Dios ensalza– dos. Dependemos de El; no adoptemos la necia actitud del prescindente desligado de compromisos sobrenatura– les y de necesidades espirituales: tengamos siempre presente la triste realidad de nuestro ser combatido por el dualismo original entre la carne y el espíritu. A la osadía ridícula e impía del espíritu, contesta invariable– mente la lujuria de la carne, que tira a someter el alma al cuerpo y la libertad al instinto. La tentación del mal
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