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-124- hibido justo ante Dios y ante los hombres, sale del tem– plo: nada espera del Sefior, se basta a sí mismo; el pu– blicano pide perdón y sale justificado: el humilde que– da ensalzado. Argumento apologético Gran ciencia es saber tratar con Dios; quien no la aprende, no sabrá tratar con los hombres. Parece que la humildad es virtud exclusiva de los monasterios, o de cierto grado de cultura ascética, o que encaja bien so– lamente en los pobres e ignorantes; pero en realidad, es virtud necesaria a todos, tanto más cuanto más gran– des y sabios aparezcan, pues en verdad y justicia, nin– guno es grande, ni sabio, comparado con Dios. Es en– fermedad muy generalizada tener a Dios como un Ser superior a quien hay que tratar de puro cumplido: cier– tas atenciones ceremoniosas constituyen toda la reli– gión de los que afectan tener alguna, sin ser humildes por conocimiento íntimo de lo que son y de lo que valen delante del Sefior. Para estos está todo conclui– do con un vago sentimiento religioso, una especie de barniz de espiritualidad, como el que se emplea para disimular las deformidades del cuerpo: en salvando. las apariencias, debe quedar Dios satisfecho, como si no viera el interior, como si nuestras genuflexiones afia– dieran a su gloria y con ellas le hiciéramos favor. La religión de ciertos seres racionales es idolatría de sí mis– mos. Aquel sabe tratar con Dios que se siente obligado hacia El y lo adora con afectuosa humildad y lo implo-
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