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-123 -- estad. Cuando el criado ha hecho cuanto le mandaban, no se cree con derecho a que te aplaudan, sino que hu– milde y leal pide nuevas órdenes, y recibe su salario agradecido; si el Seflor, inspirándose en su bondad, se adelanta a .alabar su obra y a premiarla y mostrarle cariflo de hijo, prueba será de la grandeza del Seflor a quien sirve, que paga la voluntad y el afecto del cria– do imposible de valorar en dinero. Dios es nuestro Pa– dre, tiene tesoros inagotables de condescendencias pa– ra con sus hijos y de perdones para con los pródigos, pero no nos debe nada; enumerar ante El nuestros fríos servicios como para exigirle que se de por cumpÍido, es enajenarse su Voluntad y obscurecer lo poco bueno que hayamos podido hacer. Ahí está para contrastar la es– tupidez del fariseo, la humildad sincerísima del pobre publicano que no se atreve ni aun a· levantar sus ojos al cielo, sino que, escondido, pide perdones y no justi– cias; sabe bien que la justicia lo condenaría, apela a la bondad, al amor, a la misericordia, ofreciemto su mi– seria como razón suprema ante el Sefior. Este hombre· está. en la verdad, habla el lenguaje de ta verdad sen– cillamente y no necesita otra cosa para ser justificado. Entonces comenzamos a. s~r algo, cuando conse– guimos tener concepto claro de nuestra nada y de la Bondad que de ella nos sacó. Jesús pone en parangón a estos dos hombres ante ta ley de la moral cristiana, para condenar la fatuedad de la justicia farisaica, ya que los fariseos se creían buenos parangonándose con tos pecadores y criminales, a título de cumplir la ley ceremonial, antifaz de su miseria moral. El fariseo en cuanto ha dicho lo que es, lo que ha hecho, y se ha ex-
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