BCCCAP00000000000000000001106

-118- Dios y el sacrificio de Jesús renovado sobre el altar. Por lo pronto habéis de saber que el verdadero templo de Dios sobre la tierra fué y es la Humanidad Santísima de Jesucristo. Como todo el género humano había prevarica– do en Adán y no podía Dios escuchar de ningún labio una oración que le complaciese, desde toda la eternidad deter– minó reservarse una naturaleza humana que tomaría de tierra virgen, purísima, preservada para ello del pecado original. De la Virgen Santísima nació Jesús: en aquel cuerpo santísimo habitó personalmente la Divinidad ydes– de entonces ya tenía el Altísimo un punto fijo en la tie– rra a donde mirar sin enojo, y de donde recibir alabanzas y oraciones dignas de El. Por lo cual habéis de pensar que el lugar llamado en nuestras iglesias la sacristía recuerda el seno purísimo de María Inmaculada de donde Jesús salió revestido con nuestra carne, para oficiar la Reden– ción del mundo; así sale de la sacristía el sacerdote reves– tido con los ornamentos sagrados para decir la Misa, renovación del Sacrificio de la Cruz. «El Verbo se hizo car– ne», dice el Evangelio, y habitó entre nosotros, y nosotros le vimos lleno de gracia y de verdad». Por eso veréis que el centro del altar está ocupado por el crucifijo; sin él no _hay altar, como no lo hay sin ara que es la piedra consa– grada que está en medio de la mesa del altar, y sobre la cual se verifica la consagración de la Hostia y del cáliz. Todos los demás templos, erigidos por falsas religioses, como pagodas, mezquitas y capillas protestantes están vacíos, porque allf no está Jesucristo. Pero en cuanto la Iglesia católica elige un sitio, lo bendice, edifica sobre el un templo pequefio o grande y lo consagra al culto de Dios, ya está lleno: lolllena Jesucristo, su Cruz, el Taber– náculo. Las bóvedas cubren el santuario, son muy altas para que sepamos que desde este lugar se elevan nues– tras almas al cielo como las nubes del incienso. Por

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz