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-:- 115 - Argumento moral De aquí el amor, el cariflo religioso con que los ca– tólicos miramos nuestros templos: son ellos nuestras casas, porque son extensión de la del Padre a quien invocamos; y con ser tantas, levantadas sobre el suelo cristiano, como manos que se alzan sobre los techos de las ciudades para aplaudir al Creador y para implorar la gracia del Redentor, sabemos que no son mas que una en la Santa Católica y Apostólica y Romana Igle– sia, cuya piedra fundamental es Cristo, el Ungido, el Pontífice Inmaculado. Atraidos por El, entramos en · nuestras amadas iglesias y desde su sagrado recinto establecemos comunicación con el Cielo!: «per Chris– tum Domínum nostrum» como dice el sacerdote en nombre de los asistentes, mientras cada uno pone ante el Sefior su corazón lacerado quizá por la vida, o man– chado con la culpa, pero hambriento de paz y de per– dones. A producir estos saludables efectos están orde– nadas las bellezas arquitectónicas y suntuarias de los templos: todas sus líneas convergen hacia arriba cen– tradas por el Tabernáculo. Debemos frecuentar la iglesia; es vergonzoso que en pueblos cristianos, nadie se crea dispensado de visitar a sus amigos y vecinos,. y que, confesando la fe de Jesucristo y llamándose su– yos, no sientan necesidad de ir a su Casa, si no es por mero cumplido, una vez por semana y de mala gana, y deseando que la visita se acorte por todos lados: esas prisas y esas calculadas ausencias del templo indican el decaimiento de la fe, y la ausencia del amor, y la frivo– lidad con que se ocupan de todo despacio, y solo tie- /

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