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-113- ligión natural, ha sido .siempre positiva, desde que et Seftor se dignó manifestar la forma, los lugares y los tiempos en que quería ser adorado en espíritu y en ver– dad ciertamente y no encerrado en los muros del tem– plo de Salomón o en tas alturas de Garicin. De Jesu– cristo Nuestro S~ñor se dice propiamente: «Ecce ta– bernaculum Dei cum hominibus; et /pse habitabit cum eis et erit eórum Deus.» Ya indiqué poco antes que el Divino Maestro llamó claramente Templo a su Humanidad Sacrosanta. Podía pues, et hombre haber adorado a Dios siempre en tas frondosidades del bos- · que, o bajo ta bóveda azul del firmamento, o entre el · fragor de la tempestad, y cuando quiera puede hacerlo; pero, de hecho, toda Religión ha tenido siempre tem- plos y altares, y quien los ha despreciado ha sido teni– do por ateo, y por sacrílego quien osa profanarlos. De hecho sabemos por revelación positiva que Dios no quiso aparecer ante su criatura racional, como simple causa ante el efecto, como la obra aparece ante el artí• fice, como el movimiento regulado por las leyes infle– xibles, sino que su designio soberano y amoroso · fué elevar al hombre al orden sobrenatural y hablarle de sus intimidades divinas y tenerlo como hijo y poner ca– sa en la tierra, que son los templos consagrados a tra– tar con sus hijos. De hecho «hemos visto la gloria dé Dios personificada en su Unigénito lleno de gracia y de verdad», hombre como nosotros y Dios como su Padre. Y si el templo de Jerusalén, nada más que por ser la figura espléndida de Jesucristo hasta en sus mis– mos detalles, todos ellos ejecutados según planos de Jehová, era tan venerable y sagrado ¿qué diremos de 8 i '1

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