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-107- uno. lo suyo, la limosna del rico con el cielo: ¿qué otro pa– go daría Dios?.•• Así ha interpuesto el Seflor la oración del pobre entre los pecados del rico, para redimirlo, si sabe compadecerse de su prójimo y sacíar su hambre o su sed, vestirlo, si está desnudo y consolarle en sus tris– tezas. ¿Es verdad o no lo que os decía, que con muy poco se puede comprar el tesoro del cielo?... De lo cual habéis de concluir que no hay razón para tener envidia a los ri– cos, ni para creer que el pobre está abandonado de Dios, Nada de eso. El mayor peligro que tiene un niflo, es en– contrar siempre dinero a mano :para satisfacer todas sus caprichos: llegará a ser esclavo de ellos; el dinero le per– derá, porque le dará facilidades de pecar, de enredarse en las zarzas del camino de la vida, y se olvidará de Dios y de su alma .. En cambio, el pobre que trabaja para comer, .sujeta sus ca[Prichos por necesidad, guarda para cuando no pueda trabajar, no será gravoso a sus semejantes, po– ,drá confiar ~ue, en su pobreza y en su miseria, el Señor le enviará 1~ limosna del rico a quien pedirá estrecha cuenta de su~ bienes en el día del juicio, acusándole ante el mundo entero de su dureza, si no le socorrió, si no le dió de comer~ cuando lo encontró hambriento, o de beber, cuando lo en~ontró sediento, o no le vistió cuando estaba desnudo/Y a la pregunta que entonces podría hacer, di– ciéndole: Sen,or, cuando te encontré yo durante mi vida así hambriettto, sediento o desnudo y no te socorrí..? El Seflor le repl~cará «lo que no quisiste hacer con uno de aquellos poqrecitos amigos míos, a Mí me lo negaste; vete al infierpo por cruel y malo», Fijáos bien, mis queri– dos niños, etj la dig,nidad del pobre, no solo para no envi• diar it los ri~os, sino para darte limosna de lo que ten– gáis, al pobr~ pues Dios le llama amigo suyo y asegura que lo que s~ le hace, es como si se hiciera a El mismo.
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