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sea siempre limpia y pura a los ojos de Dios. Que esté siempre adornada de la gracia santificante y de las virtudes cristianas y religiosas que agradan a Dios y encantan a los hombres. Que tu belleza externa sea el e~pej o de la belleza interna del alma, imagen de la belleza increada de Dios Nuestro Señor. ¡ Salve, oh Madre santa! Tú, que h~s dado a luz al que gobierna el cielo y la tierra por los siglos de los siglos. Te saludo no sólo como una niña bella que ha dado a luz la virtuosa anciana Ana, sino más bien como a aquella que ha sido destinada para ser la Madre del Redentor. Sois bienaventurada y digna de toda ala– banza. Contigo se termina al A. T. y empieza la Ley de gracia. Contigo terminan las tinieblas y aparece la luz. Contigo termina la muerte y se da principio a la vida divina. Tú eres la aurora que anuncia al día. Tú eres la estrella de la mañana que precede al sol. Tu nacimiento alegra a Dios, a los Angeles y a los hom– bres. Toda la creación se regocija, porque aparece la reina del mundo toda llena de gracia y de belleza. Tú serás nuestra Madre, nuestra Corredentora, nuestra Rei– na y Señora; tú la gloria de nuestro pueblo\ Propósitos.,.;_Nunca tendré vanidad de la belleza na– tural, porque es un don de Dios. Me esforzaré en con– servar la belleza espiritual del alma, aumentando la gracia y las virtudes. - 385-

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