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anuncia el viej0 Sime6n. María prodiga todos sus cuidados de Madre amantísima a Jesús en la huída a Egipto y en la casita de Nazaret. María sufre con Jesús los pasos de la Pasi6n y sube con la Víctima divina al Calvario y contempla toda la escena do– lorosa, sufriendo en su alma todo lo que Jesús su– fre en su cuerpo. Unida a Jesús Redentor ofrece el sacrificio de sú Hijo y de sí misma por la redenci6n y salvaci6n de la Humanidad. III. CÓMO PODEMOS SER REDENTORES Ciertamente no podemos ser redentores en el sentido de Jesús y María, pero sí de cooperar de alguna manera a la redenci6n del mundo, según el pensamiento de San Pablo: "Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia. Ministro suyo soy yo en virtud de la dispensaci6n divina a mí confiada en beneficio vuestro, para llevar a cabo la predica– ción de la palabra de Dios, el misterio escondido desde los siglos y desde las generaciones y ahora manifestado a sus santos (49). La actualizaci6n de - 177 ,,.,..,
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