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ordenadora de Sabaseba. ¿Cómo, sí no fuera de esta forma, el barí podía vivir tranquilo y sereno en esta tierra ordenada por la que camina seguro y que trabaja en la actualidad? ... 201 • 1.2. Hombre -grupo barí- Otro de los fenómenos que resultaban enigmáticos para el pueblo barí, como para cualquier pueblo primitivo, era el de su existencia y forma de ser característica. Una vez más, su gran espíritu de observa– ción les había llevado a percatarse de su condición humana y de las evidentes diferencias de los otros grupos étnicos conocidos: blancos, yukpa, guajiros ... ¿Cómo podía ser posible este hecho? Y la tradición cultural barí había tratado de responder desde el mito a esta situación problemática. ¿Cómo era posible su propia existencia humana y la peculiaridad de su etnia? ¿A qué se debía esta diferenciación tan ma– nifiesta? ¿Cómo iba a explicarse, a darse razón de ello, si no fuera porque en aquellos tiempos de los orígenes hubiese ocurrido alguna circunstancia que lo justificase, le diese sentido profundo, lo fundase? Y el mito barí acude de nuevo al gran personaje de su cultura: Sabaseba. Nos cuentan en sus relatos, y nos lo confirman nuestros infor– madores, que Sabaseba era, como hemos visto, una persona muy apli– cada a su labor-misión: transformador y ordenador de la tierra. Pero su trabajo resultaba muy laborioso; de verdad, ingrato. Por lo que se cansaba con frecuencia. En alguno de sus relatos hemos podido obser– var que la frase « Y Sabaseba se cansaba, se fatigaba» se repite hasta veinte veces consecutivas ... Era natural que sintiese hambre y tratase de reponer sus fuerzas, como cualquier otro barí en semejante circuns– tancia. En aquel entonces, nos relata el mito barí, solo existía la piña («Ñangardú» ), cuyo fruto es tan exquisito para el barí. Sabaseba, sin– tiendo hambre, coge en sus manos una de aquéllas que encuentra más amarillas, más maduras, la parte por el medio con su machete y es cuando se percata que del corazón de la piña surge una familia: papá, mamá y niños. Era la primera familia batí. Sabaseba, seguidamente, 201. También intentarán fundamentar en los «tiempos primitivos» la si– tuación de su propio grupo, y la de los demás grupos por ellos conocidos, den– tro de un contexto geográfico preciso, así como la distribución de anímales, etc., en lugares bien determinados. El mito barí de los orígenes pretende en– contrar razón suficiente y definitiva tanto de la situación geográfica como de las funciones distintas que cada realidad ocupa y desempeña dentto de ese nue– vo mundo ordenado por Sabaseba. Temas que analizaremos más tarde. 211

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