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132 DR. J. M. NUÑEZ PONTE legítimo o ilegítimo, en la enseñanza, de la doctrina de la evolución universal que, referente al hombre, se dice de la descendencia. Hernández, a la voz de su deber intelectual, que ie lla– maba a la expresión precisa de sus convicciones, testificó ca– tegóricamente su opinión: "Yo soy creacionista". In principio creavit Deus . No quisiéramos creer que, desorientando más todavía a la juventud, se intentase deliberadamente implantar como dogma científico la desapoderada y ya caduca teoría darwi– nista que, aun en su tiempo, no había pasado de mera y ad– venediza hipótesis; teoría que desde 1889 había sido objeto de un formidable ataque, casi un canto fúnebre, en el Con– greso Antropológico de Viena, de boca nada menos que del célebre positivista Virchow, quien, con toda su autoridad y sapiencia, se pronunció allí por la unidad del género huma– no alargando acaso el sentido del verso de Claudiano: ... cun– cti gens una sumus; teoría acerca de la cual en 1901 se pu– blicaba en "Timoteo", obra póstuma de Hettinger, la siguiente– elegía: "El darwinismo ha traspasado ya el cenit de su glorie, y comienza a ser considerado, hasta por los más despreocupa– dos en materia de religión, como lo que es en realidad, una te– sis obscura, violentamente introducida en la investigación cien– tífica"; teoría a la que se ha referido recientemente el entomó– logo Kellogg, diciendo: "¿Qué es lo que produce la diferencia de las especies? Esta era la pregunta de mayor importancia para el espíritu de Darwin. Y desde la época de Darwin para acá, hemos averiguado otros hechos que nos han revela– do algo más sobre las diferencias de las especies. No obstan– te, todavía estamos lejos de encontrar una explicación general y satisfactoria de la formación de ellas" (19). Preciso es reco- (19) La ciencia y el alma. V. "Interamérica", julio 1923.

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