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CAPITU De la penitencia que se ha de imponer a los frailes que pecan INTRODUCCION Y SUMARIO 494 La belleza del ideal que nos ha mostrado S.' Francis, co en los capítulos precedentes y nuestro juramento de se, guido no nos han hecho impecables: por disposición de Dios, seguimos, a pesar de todo, con las debilidades y mise, rías de la naturaleza humana, sujetos a caer en el pecado. Por eso muy oportunamente S. Francisco, luego de ha, blar de los enfermos del cuerpo, nos hable de los enfermos del alma. Pero, mientras las antiguas Reglas eran severas y algu– na hasta crueles contra los que quebrantaban preceptos mí– nimos, y presentaban al superior demasiado como juez, San Francisco quiso que su Regla reflejase el espíritu de Jesús, que vino, no a castigar, sino a salvar a los pecadores. Por eso, queriendo copiar al Divino Modelo, se inclina más a la misericordia que a la justicia y al rigor. Compendia este espíritu en un precepto virtual-el de recurrir al Ministro Provincial aquellos que pecan-; un con, sejo-que éste los reciba con misericordia-; y una amones, tacíón, que es como la corona de todo el capítulo, y que re– cuerda las palabras del Evangelio: «Prefiero la misericordia al sacrificio» (1). Dividiremos, pues, el capítulo en tres partes: PRIMERA PARTE Del recurso a los Ministros Provinciales para la absolución de los pecados. reservados (1) MAT, 11, 13. «Si algunos de los frailes, ínstigándolos el ene– migo, mortalmente pecaren por aquellos pe, cados de los cuales fuere ordenado entre los frailes que se recurra a solos los Ministros Provinciales, estén obligados los predichos frailes a recurrir a ellos cuanto más presto puedan, sin tardanza.» A) Concepto de reserva según la Regla.
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