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292 CAPITULO VI, PARTE JI,- ART. 2 escudilla, besar sus llagas purulentas; como hubiera hecho de encontrarse con Jesucristo llagado. Solamente ese amor a Cristo lo podía llevar a tales heroísmos. Pero Dios le re, compensaba con una inefable dulzura que redundaba en su mismo cuerpo, como nos dice en el Testamento: «... y ,apar, tándome de ellos-los leprosos-aquello que me· parecía amargo, _me fué convertido en dulcedumbre del ánima y del cuerpo>. Al abrazo del leproso hace seguir inmediatamente su conversión: «y después poco tiempo estuve y sali del siglo». Este debe ser el espíritu del anterior precepto; esta la fe que lleve al religioso hasta el lecho del hermano enfermo. Pero si este espíritu debe animar a todos, mucho más a los superiores. 490 Los superiores, por consiguiente, están gravemente obligados, tanto en virtud del derecho divino como del pre– cepto de la Regla, a tener cuidado corporal y espiritual de los enfermos. Pecarán, pues, más o menos gravemente cuando por su culpa faltase a los enfermos lo necesario, siempre dentro de nuestra profesión. Si los gastos fuesen extraordinarios, si bien el superior no está obligado a hacerlos, seria digno de alabanza el hacerlos, siempre que esto no fuera contra la ca– ridad debida a los demás religiosos. Pecan gravemente los superiores que dejan a sus súbdi, tos en peligro de morir sin sacramentos. Si esto es en los se, glares una falsa y funesta piedad, resulta inconcebible que un superior espere a los últimos momentos, cuando acaso el en– fermo ya no comprende nada, para avisarle de la gravedad de su estado y administrarle los sacramentos. Si un religioso muere sin sacramentos, al superior de ordinario se le puede culpar de ello. 491 Pero los superiores pueden delegar a otros religiosos para que atiendan a los enfermos. Y entonces sobre éstos pe, sa la obligación. Pero aun en este caso los superiores no pue– den considerarse eximidos de toda obligación; pues a ellos toca vigilar si les falta algo a los enfermos. Los enfermeros, al cumplir su oficio, recuerden las palabras del Señor: «lo que hicisteis con uno de mis hermanos más pequeños, con– migo lo habeís hecho> (120). 492 Sí tanto los superiores como los enfermeros faltasen (120) MAT. 25, 40.
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