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LA LIMOSNA 289 a las disposiciones de los superiores. Pecará también contra la pobreza si pretende ser el dueño de lo que ha recogido, no soportando ingerencia alguna de los superiores y disponien– do de las cosas a su talante. Con este modo de obrar no po, drá excusarse de pecado más o menos grave, ya que la Regla no sólo excluye la propiedad, sino todo aquello que indique dominio o derecho a las cosas. 483 b) Una profunda humildad: «Ni deben avergonzarse, porque el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo». El frai]e menor, pensando que se ha hecho pobre por amor a Dios, debe ejercitar con gozo este acto de humildad, que lo asemeja tanto al Hijo de Dios, y debe alegrarse de eventuales repulsas, injurias y humilla• ciones, a ejemplo de Jesús, el cual «en vez del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz, sin hacer caso de la ignominia (119). Un hermano que va por la limosna con estos sentimientos no está lejos de la santidad. Ni debe considerar su oficio como despreciable, pensando que la principal nobleza no está en la naturaleza del oficio, sino en cumplir la voluntad de Dios, recordando cómo Jesús glorificaba al Padre lo mismo cuan, do trabajaba desconocido en Nazaret, que cuando predicaba y obraba milagros; y hasta dedicó treinta años a la vida ocul, ta y sólo tres al apostolado. 484 c) La santa modestia: Modestia en los ojos, en la compostura del rostro, en el modo de vestir, de andar y sobre todo en el modo de conver– sar. Si esta virtud es necesaria a todos los religiosos, de una manera especial al limosnero, que por su oficio está más en contacto con seglares, entra en todas las casas y trata con toda clase de personas. Evite, pues, las bromas, los juegos, las largas conversaciones, que desdicen de personas consa, gradas a Dios. · · · Sólo así podrá difundir el buen olor de Cristo y hacer de la cuestuación un instrumento eficaz de apostolado. 485 d) Una gran confianza en Dios:· «Vayan por la lim:osna confiadamente>. Haciendo lo que esté de su parte, déjense luego totalmente en las manos de Dios. Porque el Padre que viste a }os lirios del campo y a las aves del cielo, que hace nacer el sol sobre buenos y ma~ los, ¿como va a abandonar a sus hijos predilectos? (119) Hebre. 12, 2.
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