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SANTA CLARA DE ASÍS 157 La n.oche era n:iagnífica y suave. La clara luna de marzo estaba en todo su esplendor. Todos los objetos parecían rodeados de una belleza extraña. Clara iba vestida de sus mejores galas... De pronto se oyó a lo lejos un rumor de rezos. j Francisco y sus compañe– ros no se habían dormido ! Siguieron caininando am– bos grupos y no tardaron en encontrarse. Francisco presidía una verdadera procesión en la que .no se ha– bían olvidado las antorchas. Llegaron a la pequeña iglesia de Santa María de los Angeles, lugar elegido para la solemne ceremonia. Entre dos filas de religiosos pasó Clara con los ojos suavemente inclinados. Tenía dieciocho años, como dieciocho rosas. Cabellera rubia, ligeramente ondulada; ojos azules como el mar ... En el altar ma– yor, pobremente adornado, estaba la imagen de la Santísima Virgen, rodeada de ángeles; sobre las gra– das., revestido, estaba Francisco con el rostro transfi– gurado. Clara se puso de rodillas y esperó la realiza– ción de la esperada ceremonia. -¿ Qué quieres del Señor ?-preguntó Francisco. -Quiero ser su esposa-respondíó Clara con en- tereza. -Si quieres ser esposa del Crucificado tienes que ser como El, pobre... -Todo lo dejaré por tenerle a El. -Pues para que tus palabras sean un hecho, des- pójate de todas tus alhajas. Clara se desprendió de todas las que llevaba y se 1as entregó a sus doncellas.
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