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484 MIGUEL ANXO PENA GONZÁLEZ hace notable ofensa, pues pareciendo ser esta sentencia suia con tanta facilidad y sin orden de la cave<;:a de la Iglesia. Universidad que tiene a Jerónimo por Retor y a Thomás por particular Maestro suio y a los demás santos por sus Doctores que la enseñan, agora quan– do la Sede Apostólica los ampara, dejando su derecho a salvo y su probabilidad en pie. La Universidad criada en la leche de su doctrina los condena por falsos, y los deja como a quien no enseña verdades, poniéndolos en estimación y voca de los herejes, aunque ia para con ellos lo valga la authoridad de los santos y en la interpretación de la escrita y inteli– gencia de sus misterios, ni della ago caso pues la Universidad de Salamanca, primera en el mundo y madre de las letras, no sólo no admite su sentencia como probable, sino que la deja como falsa, jurando la contraria por verdadera. Hacíase agravio últimamente a la Or– den de santo Domingo que siempre en esta Universidad ha sido tam estimada, por haver sido la maestra de la theulugía, la que la redujo a arte y enseñan<;:a, y la que ha dado a la Universidad tantos maestros a las Religiones, tantos hijos a la Iglesia, tantos perlados, tantos santos, y mandando jurar esta sentencia del bulgo, los condenava y escluía de gra– duarse, por en ella, por no poder jurar latae sententiae, por ser contra santo Thomás y los santos, y no poder graduarse y ganar curso quien no la jurase. Estas ra<;:ones con maior pon– deración jueras, dio por escrito y más a la larga el Maestro fr. Pedro de Herrera, en confirma– ción de este pensamiento, habló con elegancia y con acrimonía y espíritu religioso. El Maestro fr. Diego Girón y siguió el mismo intento el Maestro fr. Francisco Araujo, apre– tando todos con ra<;:ones tam doctas, y dichas con tanto espíritu, que por lo primero pudie– ran convencer los entendimientos que por lo segundo las voluntades, pues la verdad de todos llevava la mira a que se guardase el decreto de Su Santidad, cosa tam justificada y puesta en ra<;:Ón divina y natural. Hablaron otros muchos en esta conformidad, en parti– cular el Maestro fr. Basilio Ponce de León, de la Orden de san Agustín, chatedrático de Durando, que con la elegancia y erudición que suele tener en todas sus cosas, ponderó lata con que havía de ser devotos de la Virgen abcediendo el decreto de Su Santidad y estiman– do la Religión de santo Domingo, y a todo esto se contravenía haciendo el tal juramento, que esto era salir de la voluntad del Pontífice. Acudió a lo mismo el Maestro Parada, de la Orden del gran Patriarcha san Benito. Hablaron el Doctor Barrios, chatedrático de Víspe– ras de cánones, y otros con notable enfado contra los pretensores del juramento, parecién– doles era notable anbición y terquedad no contentarse con lo que Su Santidad manda en su decreto, y que a fuer<;:a de pretensión y anbición, se pretenda en contra el, y después de ha– verse dicho en público ra<;:ones, por una y otra parte, se votó el primer punto por votos se– cretos, y salieron solos siete en favor de que no se jurase, llevándosele la sentencia pía todos los demás. Comentóse el cómo se havía de hacer el estatuto del juramento al Maestro Fray Pedro de Herrera y al Maestro Fray Agustín Antolínez, chatedrático de Prima de Theu– lugía y al Maestro Fray Luis Bernardo, de la Orden de san Bernardo, chatedrático de Escri– tura, gran solicitador del juramento y al Doctor Pichardo, chatedrático de Prima de Leyes. Procedióse al segundo punto, y el primero que dio en una cosa tan acertada, que se acudiese a Su Santidad, y se esperase su confirmación para la execución. Fue el Maestro

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