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LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA YEL JURAMENTO INMACULISTA 465 pesando y era una manera adecuada para lograr un espacio independiente y pro– pio, desde el que seguir orientando la teología en la Universidad de Salamanca, en el momento en el que el Derecho, tanto canónico como civil, iba recuperando el espacio de importancia que había tenido en épocas anteriores. El mismo procedi– miento y decisiones tomadas hace intuir que el problema no era visto simplemente como una cuestión teológica, que hubiera impedido otro tipo de decisiones, sino que la relación con otras cuestiones políticas quedaba así evidenciada, manifestan– do la capacidad para encontrar alternativas favorables hacia aquellos que se enten– día que habían servido a la Universidad de manera especial y, éstos, indudable– mente eran los dominicos. Con todo llama la atención que, después de la dicha exención, se escoja a fr. Pedro de Herrera, para que con los maestros fr. Agustín Antolínez, fr. Luis Ber– nardo y Antonio Pichardo redacten el estatuto y el juramento que deberá hacer de ahora en adelante todo aquel que quiera obtener grados por el Alma Máter31. Por otra parte, lo que algunos autores han considerado como el gozo de la ciudad de Salamanca ante esta decisión 32 , puede ser también interpretado como una inge– rencia más en el funcionamiento autónomo del Estudio, ya que la alegría mani– festada por los cuatro regidores que se hicieron presentes en el Claustro del 26 de abril, así como el ofrecimiento de éstos para todo lo que fuera necesario, indu– dablemente no debía provenir exclusivamente de "la deboción de la Inmaculada Conceptión de nuestra Señora que la ciudad y todo el pueblo tiene, y el contento grande que se a recivido" 3 3. Lógicamente, el paso siguiente será poner en acto la decisión tomada. Marcos Rodríguez insiste en que la Universidad, desde este momento, sólo está preocu– pada por llevarla a la práctica, lo que él identifica en el número de Claustros cele– brados a tal efecto. Por otra parte, no deja de ser bastante lógico, teniendo en cuenta las insistencias tan fuerte que en una y otra dirección se habían dejado notar. En este sentido, no se puede olvidar que las preocupaciones de los teólogos eran nuevamente de corte escolástico, por lo que respondía perfectamente con la 31 Por desgracia, el libro de Claustros no describe con detalle cómo se llega a esta decisión que no deja de resultar llamativa, puesto que se abría para los dominicos un espacio en el que poder intervenir también, en el aspecto más importante de todo el proceso. Así, si no podían lograr el rechazo de la opinión pía, sí podían controlar e intervenir en la redacción y formu– lación de la misma. 32 Cf. F. Marcos Rodríguez, La Universidad de Salamanca y la Inmaculada, 20. 33 AUSA, Libro de Claustros, lb. 87 (1617-1618), f. 48v.
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