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462 MIGUEL ANXO PENA GONZÁLEZ sando a manos de jesuitas fundamentalmente. Si los maestros no se atrevían a oponerse a votar en contra de la piadosa opinión, posiblemente era porque el terreno no estaba suficientemente abonado para que, además, aceptasen un jura– mento vinculante. Por lo mismo parece tratarse más de una estrategia por parte de aquellos que dirigían el Estudio, con vistas a conseguir conformarse con los inte– reses del soberano, evitando en lo posible conflictos. Con todo, si los dominicos intentaban presionar para paralizar cualesquiera decisiones que supusieran más pronunciamientos, los franciscanos promovían una mayor implicación de la Corona y de la Universidad, que se concretará en la con– vocación por parte del Rector, del Claustro Pleno del 17 de abril de 1618. Para ello habían recurrido directamente ante el Rector, por medio de personas graves y cercanas a su entorno familiar 21 , e incluso al Obispo de Salamanca, de tal suerte que no pareciera que el rey influía directamente ante la Universidad 22 , pero asegu– rando así la convocación de un Claustro que abordara y definiese lo más apropiado acerca del tema. Tres fueron las cuestiones estudiadas en dicho Claustro. La primera de ellas hacía referencia a la conveniencia de que la Universidad jurase defender la Con– cepción Inmaculada y lo obligase por juramento a aquellos que quisieran graduarse por Salamanca. En segundo lugar, en el caso de que se hiciera tal juramento, si se pediría la confirmación del Papa. Y, en tercer lugar, si se dispensaría a los domi– nicos de tal juramento, por ser abiertamente contrarios al que ellos hacían en su Orden, respecto a la doctrina del Doctor Angélico. Las mismas cuestiones plantea– das ya están evidenciando el interés por lograr un consenso, frente a la posible confrontación. Y, precisamente, por ello se da una continuidad entre los temas planteados, que suponen una perfecta continuidad, de tal suerte que los maestros no pudieran oponerse, al tiempo que se abría una puerta para los dominicos. Resulta interesante constatar que, en el caso de aquellos que se oponían al juramento, como es el caso del dominico Pedro de Herrera, pone de manifiesto diversos intereses, más allá de la simple cuestión teológica o la consabida sensibi– lidad popular. En este sentido, señala cómo la Universidad no debería hacer el 21 Estas personas graves eran la marquesa de Cerralvo, madre del rector, a quien había escrito pidiendo dicho favor la infanta que estaba en las Descalzas reales de Madrid. 22 En la Relación referente a lo que pasó en el Claustro, se ha hincapié en el hecho de que no venía carta del rey, para que la Universidad pudiera actuar de manera más libre, sin verse violentada por una Cédula Real, por lo que la intervención del Obispo, se entendía como un intermediario del mismo soberano. Para verlo con mayor detalle, cf. Apéndice, doc. 5.

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