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LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA YEL JURAMENTO INMACULISTA 453 XIII, el que a comienzos del siglo XV cree cuatro cátedras de teología en la Uni– versidad de Salamanca; de las cuales las de Prima y Vísperas, se leerían en las Escuelas Mayores, mientras que las otras dos lo harían en los Estudios Generales de San Esteban y San Francisco3. Por tanto, el equilibrio de fuerzas era bastante adecuado, los seculares contaban con un espacio propio y, por su parte, los regulares también, vinculados precisamente a las dos escuelas más significativas de lo que había sido el desarrollo del pensamiento teológico en París. Si seguimos la evolución ya propia del Alma Máter en materia inmaculista, nos encontramos que ni en el siglo XV, y muchos menos en el XVI, la Universi– dad, como corporación académica del saber, manifestó su sentir sobre la Inmacu– lada o, al menos, así se desprende de la ausencia de este tema en los Libros de Claustros, que reflejan las decisiones tomadas de manera oficial por parte de la corporación académica. ¿Cuál sería el motivo de la ausencia de este tema en las aulas teológicas cuando, por otra parte, el sentimiento popular era tan intenso? La razón podría estar en la manera en cómo se había enseñado y se enseñaba la Teología en Salamanca. El primer aspecto correspondería a la explicación del Maestro de las Sentencias, que era a partir del cual mandaban las Constituciones de Martín V, que se había de explicar en las cátedras de Prima y Vísperas4, por lo 3 El detalle, lejos de ser baladí, es sumamente importante puesto que pone en evidencia que ya para finales del siglo XIV, la Universidad en su vinculación singular con la Teología, no podía ser exclusivamente estudiada y comprendida a partir de las cátedras que tenían lugar en el Alma Máter, sino que a tal efecto hemos de tener presentes en todo momento los Conventos y Colegios Mayores de la ciudad. Como se puede intuir, por otra parte, esto es una dificultad afi.adida, puesto que al haberse perdido de los Colegios y Conventos la casi totalidad de su do– cumentación, contamos con un límite difícilmente salvable. Al mismo tiempo, si como ocurrió en San Francisco el Real de Salamanca, al pasar dicho Convento de la conventualidad a la ob– servancia se hizo tabula rasa de todo lo anterior, el problema se limita todavía mucho más, mostrándonos exclusivamente una parte de la historia. Acerca de este tema, cfr. A. García y García, Génesis de la Universidad, siglos XIII-XIV, in L.E. Rodríguez-San Pedro Bezares (co– ord.), Historia de la Universidad de Salamanca, I: Trayectoria y vinculaciones, Salamanca 2002, 21-38; D. Sánchez Sánchez, Catedral y Universidad, una relación secular, in ibid., 405-433; l. Vázquez Janeiro, El convento y Estudio de San Francisco, in ibid., 613-633; R. Hernández Martín, El convento y Estudio de San Esteban, in ibid., 589-612. 4 A este respecto, cuando el maestro dominico Pedro de Herrera presente un elenco de los maestros que se ajustan al pensamiento de santo Tomás, entre ellos cita como al primero preci– samente a Pedro Lombardo, y lo hace en los siguiente términos: "Magíster Sententiarum in 3°. D. 3ª. ait: ita esse sentiendum secundum communem stimationem sanctorum". AUSA, Libro de Claustros, lb. 86 (1616-1617), f. 119r-120r. El título es el que sigue: "Estos son los autores

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