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352 ALEJANDRO DE VILLALMONTE la limpieza del amor que a Dios se debe. Si el amor humano, en su más noble manifestación -el amor caballeresco- es capaz de amar y servir a una noble dama, con absoluto desinterés y abnegación de sí mismo, con "amor puro", mucho más se ha de amar a Dios con este amor puro, desinteresado. Acotamos un texto signifi– cativo de san Bernardo: "El amor no requiere causa además de él, sino fruto. Su fruto es su ejercicio. Amo porque amo, amo para amar" 8 • 4. La espiritualidad franciscana En esta línea hay que poner la vivencia del amor trovadoresco -amor casto y puro- vivida por el trovador Francisco de Asís. En la vivencia y expresión sanfran– ciscana del amor influye, sin duda, la vivencia inmediata y personal de Cristo pobre y crucificado. Francisco traslada a Cristo y a Dama Pobreza, la Esposa de Cristo y suya, las formas de expresión que utilizaban los trovadores al cantar el amor cortés, casto. Y pobre, porque implicaba la desapropiación totalmente de sí mismo y de todo lo que sea interés personal, incluso espiritual 9 • S. A nivel de la teología cristiana En la polémica sobre el amor puro entre Bossuet y Fenelón, éste citaba a su favor una gran tradición teológica y hasta un temprano texto de Clemente de Alejandría en el se dice que el perfecto gnóstico cristiano no ama la sabiduría por interés de premio o castigo. El tema del amor puro, bajo denominaciones equiva– lentes, lo encontramos ya documentado en san Agustín. "Nosotros, hermanos, amemos a Dios pura y castamente. No es casto el corazón si ama a Dios por el 8 San Bernardo, Sermo in Cantica, 183, 4, en PL 183, 1836. La figura del amor casto/ puro fue muy cultivada por los cistercienses, Guillermo de Saint-Thierry y san Bernardo. Puede verse C. Bérubé, L 'amour de Dieu, selon ]ean Duns Scot, Porete, Eckhart, Benoít de Canfield et les Capucins (Bibliotheca seraphico-capuccina, 53), Roma 1997, 43-50. 9 Además de las vivencias personales de san Francisco, tenemos testimonios externos. La mística propugnadora del amor puro M. Porete está muy influenciada por la espiritualidad franciscana, según C.A. Lérrora Mendoza, Espejo de almas. Marguerite Porete y la espiritualidad franciscana en Nuevo Mundo (Buenos Aires) 9 (2008) 99-132. El capuchino Laurent de París, se apoya en la tradición franciscana anterior (san Buenaventura y Herp); y también en el propio san Francisco para su doctrina del amor puro ampliamente desarrollada. Ver M. Dubois– Quinard, Laurent de Paris. Une doctrine du pur amour en France au début du 17"" siecle (Bi– bliotheca seraphico-capuccina, 17), Romae 1959, 245- 263.

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