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CARTA XXX;, 26-27. ENERO 191 l 223 era ·una realidad, o cosa parecida, como había hecho en los apuros .que me vi los dfa¡.s antecedentes ..Como no me dijo nada de lo que yo deseaba, me persuadí. de que había sido una ficción de mi _fanta– sía, y me metí en un laberinto de confusiones, en una terriblE- tri– bulación., pero sin perder ,de vista a Dios, que se µa.cía presente á mi a;lma en la misma celda don.de yo e~taba. Bajó la Comunidad al coro a cenar, y aprovechando la ocasión de la sol~dad en que quedé arriba en el dormit-orio, prorrumpí en una amargó llanto. ¡ Qué des– graciada soy !-decía-, j qué tr_iste suerte la mía!, ¡ perder a. mi· 'Dios para siempre !,o¡ a un Dios que ha sido y es mi todo y Juera. del cual no poseo nada ni he poseído jaÍnás ! Y perderle yo ... , yo; que tanto me he gozado en El y le he tratado tan íntimamente ! Que le pierda quien no le conoce ni· ha experimentado jamás, ¡ triste cosa es! ; mas yo, que le pierda yo ... , j es mtty triste, doloroso, más doloroso y triste que si le perdieran mil ! Y mi condenación es cie~– ta ; nÓ puedo yo ponerlo en duda, pues .el mismo Dios me asegura por mi Padre en su carta epistolar qUe mi pecado es tan grave que ya no tiene perdón ; y el pecado· a qué se refiere, o entiendo yo que se refiere, es 'haber escrito ese libro. Poi: esto me dice en su última que está asistido de Dios para conocerill(~ y apreciar mis cosas y 'escritos en su justo y verídico•sentido. y que tal vez las vea ·de dis– tinta m,aner~ de lo que yo piepso. Y por esto también le hi'zo decir el Señor en su carta epistolar. y i·epetir que yo no vería la cara. de Dios (1), y ésta es. la verdad. Condenarme yo, ¡ Dios mío! ¡ Que os he de perder para siempre, único Bien mío !' ¡ Que no ne de gozar de Vos más que el corto tiempo que me resta de vida,. pues la senten– cia está ya dada y s6lo falta que llegue el _plazo de mi muerte para su ejecución, y qqe después no he de amarns, sino que me 'veré forzada a aborreceros, y... ¡eternamente! · 8.-Está.ndo así me recordó-ignoro quiép-·lo ®que consigné en el capítulo séptimo, qtJe trata de la Virgen, y entedí que me hacían la siguiente pregunta : ¿ qué escribiste allí'•? A lo que contesté : las · relaciones dé nuestra Madre Purísima. cün el Verbo divino. Añadió f'l interlocutor : y:.. Con este y ... , me recordó la desolación y tra– bajos interiores de la Santísima Virgen consignados. en el mismo capítulo e invitó a que le r'~spondiera, y respondí diciendo lo mismo (1) Véase ínás arriba, p. ¡¡;:g· .

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