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222 CORRESPONDENCIA DE LA M. ÁNGELES CON EL P. MARIANO . . . . y capítulo ·citado y hablar más altamente que había hablado del Hijo Unigénito de Dios. Me· quedé tranquila; pero volví a sufrir nuevamente persuadida de que si en el capítulo tercero no había mentiras, el contenido del quinto lo era todo. Esta idea m.e afligió tres o cuatro veces; pero por breves momentos, aunque me hizo sufrir horrores. La primera vez que me asaltó, me la quitó Dios (o no sé quién) recordándome los efectos que produjo en mi alma la visión que consigné al prin– cipio del capítu•lo quinto, que atribuía a mi fantasía. La segunda vez, se desvaneció con el recuerdo: d'el estado de enamoramiento del Verbo Divino en que quedé cuando escribí la primera vez lo que atribuía á mi imaginación o ,fantasía, y del martirio de amor que padecí. Y la tercera o última vez que me asaltó este temor, me acon– teció lo siguiente. Fué el miér:coles, antes de ayer. Me sentía yo muy mal y viendo que por momeqtos me ponía peor, resolví acos– tarme después de Completas y así lo hice. En cuanto me acosté, me asaltó el indicado témor, y hablando conmigo misma dije : «En ·esta celda escribí lo que ahora creo que fué una. ficción e invención mía, y allí vi o me pareció ver al Señor, ¿ Cómo puede ser verdad que todo un Dios me haya visitad¿ ,~n esta celda y revelado lo que escribí en· aquel capítulo ... ?» Al decir esto, Dios· U no y Trino, ha-· ciéndose presente a mi almá en nuestra celda de un modo evidente y altísimo, recordándome con· una leve jnsinuadón las mil y mil veces en que me había favorecido con su soberan~,.presencia: y las diversas formas y maneras en que me ha visitado en la misma celda desde el año 1901 que la habito; me dijo: «Aquí estoy». A lo que contesté: «Bien, lo creo· porque veo que es verdad; mas que Dios se haya dejado ver de mí y reveládome lo que consigné en el capí– tulo quinto del libro segu11do no lo creo, sino que fué mi fantasía quien me hizo ver a DÍos y entender lo que entedín. Con una_ leve insinuación me hizo ver el Señor que las visiones y revelaciones no siempre dejan al alma que las recibe tan cierta dt~ la realidad de las mismas que no puedan poner en duda después que pasa, que si así fuera no sufrirían lo que sufren en materia' de dudas y temores, que lo permite así su Majestad para que las agraciadas con tales favores se conserveQ humildes. Esperaba yo que me qijese el Señor que la visión que yo atribuía a mi imaginación y por cuya causa padecía

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