BCCCAP00000000000000000000852

CAl~11'A XXX, 26~2.7 ENERO I9II 221 héiciéndose presente a mi alma eh el altar, contestando a mis dudas · y cavilaciones sobre lo que había consignado en níi libro manuscri– to, me de~ía : <<Yo soy aquel Verbo, Hijo Unigénito del Padre de qúien dices... (Aquí me recordó lo que había escrito en los capítu~ los prini.éro y segundo del libro segundo, y mostróseme el Verbo divino humanado velado, en mi libro en forma tan encantadora que me embelesó.) Y. afiadió: «Deja a tu Padre que me lea; ¿ no quie– res que vea él porqué me quieres tanto y sientes predilección por mí y haces de mi vida y persona la única ocl_\pación ele tu vida, el único objeto de tu contemplaciófl y amor?)) «Sí, Señor mío)), le con– testé. E inmediatamente sentí un gran recogimiento en mi espíritu y quedé en éompleta paz y tranquilid~cl, llena de gozo y sin temor alguno. 7.-No recuerdo si aquel mismo día por la noche o el siguiente sentí una grande pena y aflicción, ·pensando que en el libro segun– do, capítulo tercero, había con·signado una cosa incierta como ver.:. dad. Asaltóme esta tentación con un pavor muy g1:ande. Estando así afligida en el coro, hízoseme presente Dios Nuestro Señor en la Pers.ona del Padre, no junto a ¡ní como acostumbra, sino a cierta .distancia en un lugar elevado, y me preguntó: «¿ Es mentira que te revelé Y o, estando tú en ese mism_o sitio donde estás, rezanclo el salmo Quare fre·muerunt gentes, el misterio que hace el asunto del capítulb tercero, ·donde dices que cdrisignaste una cosa incierta?» «No, Señor», .contesté. Y dijo el Señor : «¿ Es mentira qt_{e te. revelé el mismo misterio repetidas veces por espacio de tres años, y que estando oyendo Misa un día te mandé escribir esta revelación?)) «No Sefiorn, contesté. Y, dijo el Señor: «¿ Es mentira que yo te he reve– ladola.· procesión de las divinas Personas y nuesu-a vida y re_laciones ad intra... y que por esto no puedes salir, del Ser divino ni para óusca1; la santa Humanidad del Verbo, cuando lo intentas?)) «No, Señor», contesté. Y dijo el Señor: «Luego tampoco· es mentira lo •· que consignaste acerca de nuestro recíproco amor y vicia divina de mi Hijo, sino que escribiste menos que debieras». Al. decirme Dios Padre esto, empecé a sentir unas ansias muy 1 grandes de escribir nuevamente la Vida divina del Verb? en el seno del Padre para afiadir lo que había entendido que faltaba en el libro

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz