BCCCAP00000000000000000000852

220 CORRESPONDENCIA DE LA M. ANGELES CON EL P. MARIANO .bondad, que es el que te ha d~ juzgar, perdonar y salvar. ¡ No temas! Quedábame tranquila, mas dentro .de poco volvía a p·adecer nueva– mente, pensando que él Sefior que se mostraba tan benigno y amoroso con mi alma o no el'.a Dios, el Dios verdad, o si lo era me trataba as·í en esta vida 1 porqué preveía mi condenación, y como justo, que– ;ría pagarme algún servicio que tal vez· le había prestado ; que en la hora de la muerte cambiaría de aspecto y proceder y empezaría a tratarme con tanto mayor rigor cuanto más benignamente me había tratado en este mundo, lo cual me lfenaba de espanto y apenaba mu– cho. No podía pensar más que. en 0Cosas que me contristaban y ha– cían sufrir. Persuadida de que era del númerq de los réprobos, mi alma rechazaba todas las ideas de consolación y aliento que me ve– nían de :píos ; haciéndoseme esta condenación de mi alma más tris– te, porque creía que lo había merecido por los pecados cometidos en escribir el libro que tiene V. R. y los que cometo y cometerá en escribir mi. vida, ·si continúo escribiendo la misma. 6.-Una noche, estando en el coro muy atribulada pensando que todo lo que contiene mi l.ibro manuscrito son herejías, ficciones, men– tiras, invenciones de mi cabeza, etc., etc., Dios lJ no y Trino repre– sentado en la 'persona del Padre, comunicándome un sentimiento al– tísimo, inefable, divino de su divina presenci.a con maravillosos efec– tos en .mi alma, con grande amor y caridad, me dijo: «Yo soy aquel Dios U no y Trino de quien tratas en el libro .que tanto te preocupa. No temas; en cuantas almas lo lean se cumplirá la pro– mesa que te hice de darme a conocer y hacerme amar de los hombres por tu medio... (Me recordó la promesa que en cierta ocasión me hizo de hacerse amar de los hombres y difundir el amor y devoción. de la Santísima Trinidad en e.l mundo por mi medio), y añadió: «Ni temas tampoco a tu Padre» (aquí me <lió a entender que apare– cería su Majestad velado en las letras o contenid0 de ese libro y le daría a conocer el espíritu con que lo había escrito), y añadió: «Cuando lo lea, le concederé tal gracia», y me indicó. Disipáronse mis temores y quedé muy tranquila y llena de gozo, ansiosa de que lea V. R. cuanto antes el libro. Mas poco después, calificando de soberbia y necedad este gozo y satisfacción que sen– tía, lo rechacé y volví a: mi estado de sufrimiento. Otro día, estando en el coro oyendo Misa, me pareci,ó que Jesús,

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz